Las aseveraciones
Hay grandes mentiras y hay grandes afirmaciones, la diferencia es que una conlleva determinación hasta el final, arrastrar las cosas hasta su extremo último -véase: llevar al cabo-.
La mentira no implica compromiso, una gran afirmación sí. Pocos los dignos serán. ¿Quién lo ha sido? Juana de Arco, Mata Hari, Jesús de Nazaret, Josep Stalin, Jean Paul Sartre, Cleopatra (en menor medida), François-René Chateaubriand, Virgilio y cortando.
Los seres humanos que se han aventurado hacia las grandes aseveraciones tienden a lo infinito ya que la realidad los trastoca de un modo singular: las reglas de este menudo juego llamado vida se tornan sencillas, al percibir los egos enfermizos se velan, por decirlo de determinada manera, flaquean y se olvidan de obligar a saltar (contémplese: El salto, de León Felipe).
Gran mentira: las cruzadas. Gran afirmación: las mariposas con alas tempestuosas de Lorentz. Eso es lo que arrastran las máximas objeciones: futuro, esperanza y/o fe (aunque estos dos son prescindibles).
En realidad todos deberíamos tener derecho a participar, aunque sea de forma discreta, en una de esas afirmaciones.
Cada madre está forzada a inmiscuir a su prole en este tipo de cuestiones (Evangelio según San Juan, capítulo II, versículo tres).

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